Agradecemos a Grupo Mundo Ejecutivo por la publicación original de esta nota de opinión.

Por primera vez coinciden en México tres factores clave: el marco legal, la urgencia social y el apetito de inversión para mejorar los servicios de salud a través de la tecnología. Con las bases puestas, el reto deja de ser puramente normativo y se vuelve estratégico.

Convertir este marco legal en resultados palpables exige tomar decisiones concretas y urgentes en cuatro frentes principales.

1. Planeación pública: El punto de partida

El primer frente es la planeación pública. Antes de invertir recursos, esfuerzo y tiempo, el sector necesita una brújula clara. Conviene generar un Plan Nacional de Salud Digital que defina los estándares, objetivos a mediano plazo y la infraestructura necesaria para que el sistema opere sin fricciones a nivel nacional.

2. Incentivos para no rezagar al ecosistema

El segundo frente es el de los incentivos económicos y operativos. Exigir digitalización profunda sin fomentar la inversión expulsa del juego a miles de clínicas, pequeños hospitales y farmacias que sobreviven con márgenes estrechos.

La digitalización no debe ser un lujo reservado para los grandes corporativos de salud, sino una herramienta accesible que ofrezca retornos operativos a las instituciones de todos los tamaños.

3. Confianza, ciberseguridad y la NOM-024

El tercer frente es la confianza, y aquí asoma la grieta más peligrosa de todas. Ninguna plataforma de salud digital sirve si los datos del paciente quedan desprotegidos ante ciberataques o si los diferentes sistemas en un hospital no dialogan entre sí.

"El problema no es teórico: buena parte de los registros electrónicos de salud (ECE) que operan actualmente en el país incumple la norma oficial NOM-024-SSA3-2012."

Asegurar la interoperabilidad y el blindaje de la información clínica debe ser el requisito "cero" para cualquier software que pretenda implementarse en el país.

4. Colaboración público-privada

El cuarto y último frente es la colaboración. El Estado pone sobre la mesa la rectoría y la escala masiva de la salud poblacional; por su parte, el mercado de la innovación provee la capacidad técnica y la rapidez de adaptación.

Enfrentar los retos del sistema de salud trabajando por separado no es una postura ideológica defendible en 2026. El paciente debe estar en el centro, y la tecnología, si se gestiona correctamente, es el puente definitivo para garantizar una atención más humana, segura y eficiente en todo México.